Grados de displasia de cadera en perros

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Displasia de cadera. Estas dos palabras aterran a los propietarios de perros de razas grandes y gigantes, pero lo cierto es que la displasia de cadera puede afectar a cualquier tamaño o raza de perro. Esta dolorosa afección puede reducir drásticamente la calidad de vida de un perro y es difícil de observar para los propietarios. La buena noticia es que la tenencia responsable de un perro y la información sobre posibles problemas de salud como la displasia de cadera pueden contribuir en gran medida a que su perro se sienta cómodo.
La displasia de cadera es una afección esquelética común, que suele darse en perros de razas grandes o gigantes, aunque también puede darse en razas más pequeñas. Para entender cómo funciona esta afección, los propietarios deben comprender primero la anatomía básica de la articulación de la cadera.
La articulación de la cadera funciona como una rótula. En los perros con displasia de cadera, la bola y la cavidad no encajan ni se desarrollan correctamente, y rozan y rechinan en lugar de deslizarse suavemente. Esto provoca un deterioro con el tiempo y una eventual pérdida de la función de la propia articulación.
Hay varios factores que conducen al desarrollo de la displasia de cadera en los perros, empezando por la genética. La displasia de cadera es hereditaria y es especialmente común en perros grandes, como el gran danés, el san bernardo, el labrador retriever y el pastor alemán. Factores como el ritmo de crecimiento excesivo, los tipos de ejercicio y el peso y la nutrición inadecuados pueden magnificar esta predisposición genética.

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La displasia de cadera canina (DCC) es un complejo trastorno del desarrollo caracterizado por laxitud articular y osteoartritis (OA) en una o ambas articulaciones coxofemorales (cadera) (Figura 1A-C).1 La etiología poligénica y multifactorial2 de la DCC ha supuesto un reto para veterinarios e investigadores desde que se describió la enfermedad en la década de 1930.3 Los cambios articulares característicos de la CHD también están asociados a factores ambientales como la nutrición,4-6 el ejercicio,7 y el proceso de osificación del esqueleto.8,9 La enfermedad afecta esencialmente a todas las razas, con una prevalencia estimada que oscila entre el 1% y el 80% según la Orthopedic Foundation for Animals. Parece que se produce en una proporción relativamente alta en perros de gran tamaño y braquicéfalos, así como en aquellos con una elevada relación entre la longitud y la altura del cuerpo.10,11 La aparición periódica de OA en articulaciones distintas de la coxofemoral12,13 ha llevado a algunos a proponer contribuciones sistémicas a la expresión de la CHD.1 Estas complejidades, entre otras, complican los intentos de gestionar la CHD mediante la cría selectiva a pesar de los estrictos informes y directrices.14

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Se trata de enfermedades del desarrollo, en las que las articulaciones de la cadera y/o del codo no se forman normalmente, lo que provoca la aparición temprana de artritis y dolor articular. Estas afecciones también son genéticas, lo que significa que pueden transmitirse de un macho y una hembra a su descendencia, pero muchos perros menos afectados no muestran síntomas hasta más tarde, posiblemente después de haber tenido muchos cachorros.
Para ayudar a eliminar estos problemas, el Kennel Club y la Asociación Veterinaria Británica crearon los Sistemas de Puntuación de Cadera y Codo, y se recomienda encarecidamente a los criadores que sólo críen perros con buenas puntuaciones.
La articulación de la cadera ha evolucionado hasta convertirse en una articulación esférica perfecta, que permite que el fémur (el hueso superior de la pierna) gire fácilmente en la cavidad proporcionada por la pelvis (huesos de la cadera), sin salirse de la articulación. Hoy en día, sin embargo, esta «articulación perfecta» sólo se ve en los lobos y en los galgos de carreras, donde la capacidad de correr y seguir corriendo es esencial.
En la displasia de cadera, la «cavidad» es demasiado superficial para la «bola», normalmente con lados anormalmente inclinados y un borde muy pequeño. Esto da lugar a un movimiento anormal de la bola, lo que provoca dolor, artritis y a veces incluso la dislocación de la articulación. Desgraciadamente, salvo en los casos más graves, los perros pueden parecer absolutamente buenos hasta la mediana edad, cuando la artritis progresiva se hace evidente.

comentarios

A pesar de la selección de la cría, la displasia de cadera del perro sigue siendo un trastorno congénito muy extendido, especialmente en las razas grandes.    En la displasia de cadera, la cabeza fermoral no se encuentra lo suficientemente profunda en la cavidad de la cadera y está suelta. Durante el movimiento, esta malformación de la articulación de la cadera provoca un desgaste del cartílago articular y, por tanto, inevitablemente, procesos dolorosos como la artrosis y la artritis. En pacientes jóvenes, puede producirse una subluxación o una luxación completa de la cabeza del fémur debido a la excesiva soltura. La soltura y las posibles subluxaciones ejercen una presión constante sobre el cartílago articular, lo que provoca dolor y cojera. En los pacientes de edad avanzada, la displasia de cadera provoca diversos grados de cambios degenerativos en la articulación. El peso, la sobrecarga, la nutrición y la edad influyen además en la progresión de la enfermedad. La displasia de cadera es, por tanto, un trastorno multifactorial que no se puede curar. Dependiendo de la gravedad, las medidas terapéuticas van desde la fisioterapia, pasando por la acupuntura dorada, hasta las intervenciones quirúrgicas en casos especialmente graves.